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La realidad del fútbol

Aunque a muchos nos cueste admitirlo, la realidad es que el fútbol hace mucho tiempo que pasó de ser un sentimiento a convertirse en un negocio puro y duro. Nos sigue doliendo que un jugador decida irse a otro equipo, incluso al equipo rival después de haber jurado amar los colores de nuestro equipo, pero poco a poco nos vamos haciendo a la idea de que ser jugador de fútbol no es distinto de otro trabajo y que si una empresa te paga más pues haces las maletas y te vas.

Hoy, los colores son para los seguidores que animan a su equipo esté donde esté y acaba afectándole el ánimo tanto si gana como si pierde, pero ahí se queda todo. El resto de las personas asociadas al equipo seguramente no sentirán eso y ahí es dónde radica la diferencia con el pasado.

Antes, no se ganaba tanto dinero como jugador y se notaba que muchos jugadores sentían los colores del equipo que llevaba. Ese amor incondicional que te hacía ver que tal o cual jugador era únicamente de tu equipo y ni siquiera lo tentaban para irse a otro equipo porque era una osadía.

El fútbol mueve millones de euros al año pero también arrastra muchas deudas por lo que no se puede permitir ese sentimiento que nos guía con el corazón y no con la cabeza. Sin duda, en un club no se pensarán dos veces el vender un jugador por mucho que éste quiera quedarse en el equipo porque es uno de los pocos que realmente siente sus colores. Hoy es el dinero el que guía todo.

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